Javi Julio

Para explicar la particular mirada de Javi Julio (Donostia, 1978) hay que recurrir a su biografía: hijo de castellanos emigrados a la capital guipuzcoana, criado en barrios de su periferia a los que no llegó la belle époque pero sí la heroína o la conflictividad social, profesional de la educación social antes de aterrizar en el mundo del fotoperiodismo.

Esta triple herencia ha dejado en Javi Julio una querencia por retratar las odiseas de los que siente como suyos: los perdedores del sistema capitalista, los que no tienen más remedio que migrar y todos aquellos que combaten a favor de los derechos humanos.

Así, su mirada sobre la crisis de refugiados se ha plasmado en reportajes para El País, The Guardian, NBC, o Euronews. También, en su estreno como director en el mundo del cine con el documental Aita Mari (2021), acerca de la re-conversión de un viejo atunero vasco en barco de rescate para refugiados en el Mediterráneo central.

Zubia (el puente)

Hendaia (Francia). En virtud de los acuerdos de Schengen, en 1995 ambos países eliminaron sus barreras físicas y los puestos de aduana. Desde entonces, cualquier persona puede atravesar esos 132 metros de carretera sin que la policía practique ningún control.

Siempre que tu tez sea blanca.

Para las personas negras existe un muro invisible en ese puente y en los otros que cruzan el Bidasoa.

A diario, decenas de migrantes procedentes de la ruta canaria llegan hasta Irún, donde una red de personas voluntarias se dedica a acompañarlos y asesorarles por donde pasar.

El río no es muy profundo, pero su pequeño caudal engaña: ya son siete personas las que han muerto ahogadas intentando cruzarlo cuando han sido rechazadas por la policía francesa.

Su objetivo inmediato es llegar a Baiona (Francia), donde existe un albergue para que las personas migrantes puedan descansar seguras sin ser perseguidas. Al otro lado del río también existe una red de personas que les ayudarán. Pero no deben ser detectados o serán expulsados de vuelta a España.

En marzo de 2024, 36 migrantes cruzaron el puente con la ayuda de un grupo de voluntarias y voluntarios que los llevaron a Baiona aprovechando el paso de la Korrika (carrera popular en apoyo al euskera) entre Irún y Hendaia. Siete activistas fueron detenidos y se enfrentan a penas de cinco años de cárcel con acusaciones de tráfico de personas. Desde hace meses, además, la policía gala ha comenzado a espiar y perseguir a las personas voluntarias que ayudan migrantes.

El Bidasoa nunca fue una frontera para las personas que viven a ambos lados de su orilla. Ahora, sin embargo, las autoridades francesas quieren convertir el río en un cementerio.